Esto va dedicado a nuestros amigos
De los pantalones harem a la camisa.
Ha pasado un tiempo desde que estuvimos activos por aquí. Para ser completamente sinceros contigo, a veces sentimos que hemos crecido más allá de todo esto.
La marca virblatt ya tiene 10 años y el proyecto incluso unos 14. Por aquel entonces, los cuatro fundadores aún estábamos en la veintena y con toda la energía, dispuestos a descubrir el mundo. Sentíamos un impulso interior de escapar y nos parecía una pasada emigrar a Chiang Mai. Así que viajamos con un billete de ida y una maleta a Bangkok, y desde allí en tren hasta una ciudad en la que nunca antes habíamos estado. Es bastante fuerte llegar así a una estación. Vale, ahora vivimos aquí.
Chiang Mai, el corazón de nuestra moda, por así decirlo. Un crisol de distintas artes textiles y culturales, como el tejido, el bordado, el batik y un largo etcétera. Aquí encontramos todo aquello que anhelaba nuestro deseo por Oriente. Combinábamos tejidos de cáñamo, algodón o bambú, viajábamos a remotos pueblos de montaña para encontrar tejidos únicos y nos habíamos propuesto combinar un estilo nuevo, moderno y quizá incluso guay con elementos tradicionales.
Rebosábamos de ideas y, echando la vista atrás, aquella fue una de las épocas más creativas de nuestras vidas. Quiero decir, de alguna manera habíamos pasado de ser vendedores de eBay a diseñadores de moda. Aunque, en lugar de asistir a desfiles de moda y pasarelas, íbamos a fiestas de música electrónica y pequeñas celebraciones hippies.
El tiempo pasa. El tiempo cambia. Nos cambia. Y también está bien que lo haga.
Si antes considerábamos Tailandia el lugar de máxima libertad —recorrer una isla exótica en moto sin casco y, si ocurría algo, simplemente sobornar a la policía—, hoy hemos comprendido que la libertad también puede tener otras facetas más esenciales.
Hoy nos sentimos muy a gusto en Europa y hemos echado raíces en Portugal. Nuestros hijos van aquí a la escuela local, vamos a surfear siempre que podemos y prácticamente todos los días, y mantenemos una estrecha conexión con el mar. Nos encanta la vida junto al Atlántico y con él. Hemos madurado. Como una pera, aunque no tan pocha.
Escribo esto sentado en nuestra cocina. Fuera está lloviendo. Oigo las enormes olas que hoy rompen contra la costa. Aprovecho el momento del décimo aniversario de nuestra marca y pienso en virblatt y en nosotros. En todos nuestros empleados, que son prácticamente nuestros amigos, que se embarcaron en el proyecto y formaron parte de nosotros y de virblatt.
Reflexiono y tengo una sonrisa en la cara. Pienso en aquel grupo unido de amigos que, como estudiantes, empezaron a hacer realidad su sueño; en cómo atravesábamos montañas nevadas en Nepal y Jo compartía conmigo su último Snickers con una mirada inolvidable; en cómo, completamente colocados, diseñábamos nuevos modelos en todo tipo de azoteas; en cómo plantábamos muchísimos árboles en Pai, inaugurábamos una escuela en Camboya y sentíamos el impulso de revolucionar el mercado de la moda. Pero también en cómo llorábamos porque aún teníamos que aprender qué significa exactamente el flujo de caja y lo brutal que puede *****te.
Estoy muy agradecido a todos vosotros, que nos habéis permitido vivir esta etapa de nuestras vidas. Siempre habéis formado parte de todo y probablemente seáis los clientes más guays que uno pueda imaginar.
Ahora tenemos hijos, llevamos más vaqueros que pantalones harem y camisas en lugar de kimonos. Vamos a surfear en vez de salir de fiesta. Se podría decir que nos hemos hecho mayores. Y, de alguna manera, surge la pregunta: ¿hemos crecido más allá de nuestra ropa?
Los tiempos cambian. Y también está bien que lo hagan.
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