Ein Leben mit dem Meer
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Una vida junto al mar

Cuando nos mudamos de Tailandia (donde todo comenzó con nuestra ropa alternativa) a Aljezur, en el Algarve occidental de Portugal, elegimos conscientemente una vida JUNTO al mar. Pero pronto nos dimos cuenta de que se convertiría en mucho más: una vida CON el mar.

El Atlántico, majestuoso y a la vez aterrador, se encuentra a tan solo unos kilómetros de la puerta de nuestra casa. Cuando estamos en la playa y miramos hacia el oeste, sabemos que América se encuentra más allá del horizonte. A nuestras espaldas queda toda Europa, con todo su bullicio, sus ciudades vibrantes, sus montañas y sus multitudes. Frente a nosotros, sin embargo, se extiende la inmensidad infinita del Atlántico, una imagen de libertad y de fuerza inconmensurable.

Algunos días, la niebla se adhiere con tanta densidad a la escarpada costa que parece que estamos entre las nubes. Cada respiración está impregnada del aire salado del mar, que penetra profundamente en nuestro interior y nos conecta con la naturaleza. Es una conexión que antes no habríamos podido imaginar. Las tormentas que azotan mar adentro dan forma a nuestro microclima y traen consigo oleajes que, según el banco de arena y la bahía, crean olas impresionantes, a veces incluso amenazantes. Pero también hay días en los que las olas brillan como plata líquida, esperando a que las surfeemos.

Las mareas determinan nuestra vida cotidiana. Según la marea, el oleaje y los bancos de arena cambiantes, hay pocas cosas más hermosas que comenzar el día a las cinco y media de la mañana con unas cuantas olas. Cuando baja la marea, las extensas playas invitan a dar largos paseos con la familia y el perro. Ya sople una brisa fresca o el frío viento del norte nos azote el rostro, el mar determina nuestro programa diario.

Antes me habría reído si alguien me hubiera contado que caminar descalzo y conectarse con la tierra era beneficioso para la salud. Pero hoy lo sé mejor. La conexión con la tierra, especialmente en el agua salada, altamente conductora, tiene un efecto sanador. La sensación de salir del agua después de bucear y sentirse como recién nacido es indescriptible. Esta renovación no se la debo únicamente al agua, sino también al aire fresco y salado del mar, rico en minerales y que despeja las vías respiratorias.

Para nuestra familia, el mar se ha convertido en una fuente de sanación. Cuando en casa todo se descontrola y todos están alterados, basta con hacer una breve escapada al mar. Quitarse los zapatos, respirar profundamente el aire marino y ver cómo el sol centellea sobre el agua: el estrés desaparece. Uno comprende lo pequeños e insignificantes que son nuestros problemas cotidianos cuando vuelve a recordar cuál es nuestro lugar en este mundo.

Cuando abandono este lugar, siento como si dejara atrás mi hogar, mi hábitat natural. Aunque el Atlántico a menudo parezca aterrador e implacable, para mí se ha convertido en un refugio, profundamente conectado conmigo, de una manera que jamás habría podido imaginar.

Cuando todavía vivíamos en Tailandia, me anoté un objetivo: una casa junto al mar. Hoy, aunque no vivimos directamente junto al agua, hemos encontrado algo mucho más valioso: una vida CON el mar, profundamente arraigada y conectada para siempre.

Puedes hacerte una pequeña idea de la belleza de la costa aquí.

Sea cual sea tu refugio, ese lugar que te brinda fuerza y alegría de vivir, sigue tu instinto. No te rindas hasta llegar a él.